Feb2026

El “vehículo europeo”: elegir soberanía frente a dependencia

Responsables del 75% del valor total de un vehículo, los proveedores de automoción son el motor de la prosperidad europea. Este sector genera un importante valor económico, impulsa la I+D y sostiene a millones de familias en todo el continente. Sin embargo, hoy nuestras empresas se enfrentan a fricciones sin precedentes.

Acogemos la competencia como motor de eficiencia e innovación. No obstante, cuando la presión viene impulsada por subsidios distorsionadores, prácticas de dumping de precios, sobrecapacidades respaldadas por el Estado y aranceles unilaterales, los productores europeos se ven situados en una desventaja estructural y enfrentan competencia desleal. Seguimos comprometidos con el comercio internacional con nuestros socios en todo el mundo. Pero el comercio internacional debe seguir siendo justo. Solicitamos restablecer esa equidad y garantizar unas condiciones de competencia equilibradas.

Las señales son evidentes en las balanzas comerciales de 2025. Las importaciones de componentes de automoción procedentes de China han alcanzado los 8.200 millones de euros. Hemos sido testigos de una sorprendente inversión de tendencia: un cómodo superávit comercial de casi 7.000 millones de euros hace apenas cinco años se ha transformado en un déficit de 700 millones de euros. De manera significativa, este cambio afecta a componentes tradicionales de automoción, segmentos en los que Europa ha sido históricamente un actor dominante.

Pero importar hoy la tecnología más barata vacía nuestra capacidad de innovación mañana. Si permitimos que nuestras cadenas de valor se erosionen, no solo perderemos fábricas, sino también nuestra autonomía estratégica. Corremos el riesgo de intercambiar la soberanía tecnológica europea por una dependencia permanente de regiones con menores costes y menor regulación. El coste social de esta trayectoria ya ha sido evaluado: un reciente estudio de Roland Berger advierte que hasta 350.000 empleos europeos podrían perderse de aquí a 2030 en favor de otras regiones si no actuamos.

A medida que avanzan los trabajos preparatorios sobre el Industrial Accelerator Act, los debates políticos en curso reconocen cada vez más que la contratación pública, las subvenciones públicas y otros incentivos —por ejemplo, un supercrédito en la regulación de CO₂— deben vincularse firmemente a una creación real de valor europeo.

Para la industria europea de proveedores de automoción, la definición de un “vehículo europeo” será el factor decisivo. Los incentivos deben reforzar las capacidades industriales en Europa, fortalecer cadenas de suministro resilientes y asegurar empleos de alta calidad. Esto es especialmente vital en un momento en que las medidas de competitividad aún deben implementarse y la competencia global sigue siendo intensa.

Necesitamos un marco creíble y ambicioso. La definición de “vehículo europeo” debería exigir un 75% o más de contenido local a nivel de vehículo, excluyendo las baterías, garantizando que la mayor parte del valor se genere dentro de nuestras fronteras.

Además, el Industrial Accelerator Act debe establecer umbrales graduales y específicos para tecnologías críticas, en particular los sistemas de propulsión eléctrica y los componentes eléctricos y electrónicos (E&E). Esta medida trata de reconocer de dónde procede realmente ese valor.

Los proveedores europeos de automoción están invirtiendo intensamente en descarbonización y digitalización. Una definición clara y ambiciosa de “vehículo europeo” es clave para garantizar que la transformación de la movilidad —y el valor y el empleo que genera— permanezca anclada en Europa.

Elijamos soberanía frente a dependencia. Elijamos valor europeo.

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